Un workspace por cliente
Cada marca con su espacio, sus códigos, su equipo y sus informes. Tú lo gestionas todo desde una vista maestra.
El QR impreso en el producto, el cartel o el escaparate es el único canal propio y permanente que tu cliente tiene en el mundo físico: el código no cambia nunca, el destino es editable para siempre y la analítica es vuestra. Tú lo diseñas, tú lo gestionas, tú lo revendes.
Cada marca con su espacio, sus códigos, su equipo y sus informes. Tú lo gestionas todo desde una vista maestra.
Los códigos viven bajo el dominio de cada marca y los informes llevan su imagen. El trabajo es tuyo; la marca, del cliente.
«Sabemos que la mitad del marketing funciona; no sabemos qué mitad.» El QR dinámico es la parte que puedes demostrar: escaneos por campaña, lugar, hora y dispositivo.
Si un cliente se va, sus códigos impresos siguen funcionando. Vender con esta garantía abre puertas que el lock-in cierra.
Tienen razón a medias: el PNG es gratis. Lo que no es gratis es el canal que hay detrás cuando el código ya está impreso en 10.000 etiquetas: poder cambiar el destino sin reimprimir, repartir el tráfico por idioma, hora o dispositivo, medir cada campaña, mantener el código bajo el dominio del cliente y poder demostrar con una firma de marca verificable que el código es legítimo y no un engaño pegado encima.
El código impreso es permanente; el destino es editable para siempre. Esa es la diferencia entre vender una imagen y revender un canal — y es el trabajo recurrente que facturas cada mes.
Diseña, valida, imprime y demuestra resultados.
Además: estudio de diseño con modos Fusión y Halftone, score de escaneabilidad antes de imprimir, exportación CMYK/Pantone/PDF-X con sangrado, generación masiva por CSV y brand kits por cliente.
Condiciones de reventa simples sobre el tier Agencia, sin programa formal ni letra pequeña: tú traes la marca cliente, nosotros ponemos la plataforma. Escríbenos y lo hablamos.
Escríbenos →Tier Agencia: hasta 25 workspaces de cliente, white-label y vista maestra. Y los códigos no caducan nunca.