La pegatina encima
Alguien imprime un QR con tu estética y lo pega sobre tu cartel, tu mesa o tu parquímetro. El cliente escanea confiando en ti, y acaba pagando o dejando datos en una web que no es tuya.
Una pegatina pegada sobre tu código y tus clientes acaban en una web que no es tuya: es el "quishing", phishing por código QR. Con el QR firmado, cada código lleva la firma criptográfica de tu marca, y cualquier persona puede comprobar quién lo ha emitido antes de abrir el enlace. Sin instalar nada.
● Incluido con Studio y superiores● Verificación en el navegador, sin app● El código nunca caduca
Un QR no dice quién lo ha hecho. Esta es exactamente la debilidad que aprovechan los estafadores.
Alguien imprime un QR con tu estética y lo pega sobre tu cartel, tu mesa o tu parquímetro. El cliente escanea confiando en ti, y acaba pagando o dejando datos en una web que no es tuya.
Facturas falsas, multas falsas, carteles falsos: tu logo y un QR son baratos de falsificar. Cuando la estafa estalla, la confianza que se quema es la de tu marca.
Cuantos más casos de quishing salen en las noticias, más gente duda antes de escanear. Tu canal del mundo físico pierde valor si nadie puede distinguir un código tuyo de una imitación.
Cada enlace firmado lleva una firma que solo tu clave puede generar. Quien verifica sabe que el código lo has emitido tú, no un imitador.
Un verificador web público: cámara, navegador y respuesta al instante. "Este código lo ha firmado esta marca" antes de abrir el enlace.
Con códigos serializados por ítem, si un mismo código aparece más veces o en lugares donde no debería, queda registrado y te avisamos para que lo revises.
El QR impreso es tu canal directo: el código es permanente, el destino lo editas cuando quieras y la analítica de escaneos es tuya. La firma añade la identidad.
Honestidad por delante: un QR firmado demuestra quién ha emitido el código y, si es serializado, si ya se había visto. No demuestra que el objeto físico donde está impreso sea el original. Y un reescaneo repetido puede tener explicaciones del todo legítimas: te lo mostramos como una señal para revisar, nunca como una acusación.
Las claves se generan en tu navegador; la clave privada no sale de tu dispositivo. La pública se publica para que cualquiera pueda verificar.
Cada código de la campaña lleva la firma de tu marca. Lo diseñas, lo imprimes y lo usas como cualquier otro QR de Qmarque.
Con el verificador público es suficiente: la comprobación se hace en el navegador de quien escanea, sin instalar nada.
Tienes razón a medias: la imagen se puede copiar. Lo que no se puede copiar es todo lo demás.
Por diseño: un QR es un gráfico abierto y cualquiera lo puede reproducir. Ningún proveedor honesto te dirá lo contrario.
Para firmar como tú hace falta tu clave privada, que no sale de tu navegador. Un código copiado sin firma válida se delata en el verificador.
El código impreso es permanente, pero adónde apunta lo decides tú para siempre: resolver propio, garantía anti-rehén y analítica, protegidos con tests en nuestro código.
Demuestra quién ha emitido el código (tu marca) y, en códigos serializados, si ese código ya se había visto antes. No demuestra que el objeto físico donde está impreso sea el original.
La imagen siempre se puede copiar. Lo que no se puede copiar es la firma de tu marca (la clave privada no sale de tu navegador) ni el control del destino, que sigue siendo tuyo. Y si copian un código serializado, el reescaneo anómalo queda registrado y te avisamos para que lo revises.
No. Hay un verificador web público: se abre en el navegador, se enfoca el código con la cámara y la comprobación se hace en el mismo dispositivo.
En los planes Studio, Agencia y Empresa. Se activa desde tu panel, sin coste adicional.
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Firma tus códigos, da a tus clientes una forma de comprobarlos y mantén el control del destino. Sin coste adicional dentro de tu plan.